La piel es un gran aislante. Nos aísla del frío, del calor, de la humedad, de las bacterias, del dolor... y de los demás. La piel puede ser un elemento barrera. Una máscara. Una tapadera que separe nuestra esencia de la de otras personas, convirtiéndonos así, en un profundo misterio para las personas con las que vivimos e incluso a veces (más a menudo de lo que pensamos), también para nosotros mismos.
Tengo siete capas y media de infranqueable piel de reptil. A ver por dónde pasas para conseguir saber qué hay detrás de mi muro de acero.
¿Hasta qué punto es necesaria nuestra privacidad? ¿Por qué nos escondemos? ¿Por vergüenza? ¿Qué hay de malo en que todos vean cómo somos?
No sé qué es, pero sé que lo necesitamos. Nuestro rincón apartado del mundo por una fina capa: la invisibilidad.
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