jueves, 13 de mayo de 2010

Jugamos a ser Dios.

Hace muchísimos años, un científico soñó que creaba una enfermedad. No tenía ningún valor que la enfermedad existiera si nadie estaba afectado por ella; así que escogió a un humano al azar y le transmitió la patología. Comenzó a observar su pequeño experimento. El hombre parecía normal, como si nada en él hubiese cambiado. No había indicios de que le doliese, le picase, le escociese nada. El experimento vivía su día a día como los demás días de su existencia; se levantaba, desayunaba, iba a trabajar, visitaba a sus familiares, mantenía relaciones sexuales, se comunicaba perfectamente con el entorno…

Entonces, el científico empezó a pensar. ¿Tal vez algún fallo en la fórmula? Tras revisarla cientos de veces, se dio cuenta de que era imposible. ¿Quizás la dosis no era suficiente? No, ese no era el problema… ¿Y si el error era en la observación? ¿Y si los síntomas fueran algo invisible? O peor aún… ¿Qué pasaría si el síntoma principal era la ausencia de síntomas?

El científico salió corriendo en dirección al domicilio del experimento humano, para observar con incredulidad su obra. En efecto, no había respuesta a ningún estímulo. El hombre no reía, no lloraba, no disfrutaba, no sufría, no amaba, no sentía. Ni una sola mueca en su cara. Había nacido la Insensibilidad.


Hoy, me pregunto qué debió sentir aquel científico al despertarse y descubrir a tantos humanos infectados por la enfermedad más desoladora que jamás nadie pudo imaginar.


"He creado un monstruo."

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