Agua fue primero. Parecía lo que no quería parecer y, sin embargo, lo era. Suave, dulce, delicado… gigante. Una gran masa que llenaba cada uno de los rincones de mi ser, cubriendo cada vacío, completándome en un perfecto equilibrio. Creí que nada aparte necesitaba. Agua. Cada día en una dosis, necesaria para la vida. Saciante.
Pero pronto llegaron mareas e inestabilidad. Todo se tambaleaba y yo no alcanzaba a ver la causa, el porqué, el cambio. Cuando todo es perfecto, el cambio sólo puede empeorarlo.
Y pasó. Silencio, soledad, oscuro. Todo estaba oscuro y mojado. Muy largos y eternos días que torturaban a cada segundo con el movimiento de las manecillas del reloj. Agonizando a cada instante. Y yo callaba, al no saber cómo verbalizar lo que estaba ocurriendo. Chillando para cubrir el silencio que había dejado la tempestad.
Y aunque quieras el reloj no para, sigue pasando el tiempo. Borrando cada recuerdo. Hacía desaparecer los detalles, después los instantes, los momentos, los días… hasta que no quedó nada.
Agua regresó de forma efímera, destrozado. Entro con fuerza en escena pero todo fue en vano. Nada había que hacer; estaba todo acabado.
Pero entonces apareció Viento. Sin casi darnos cuenta, revoloteaba a nuestro alrededor intentando ser advertido. Tratando de quitar protagonismo a Agua. Pidiendo una oportunidad de entrar en nuestras vidas. Como un espermatozoide que compite con otros tantos millones por fecundar un óvulo, sin importar si era él el adecuado, el más conveniente; entró. Era como la brisa, iba y venía. De vez en cuando notaba su presencia a través de cosquillas que intentaban llegar al alma… pero sólo la piel rozaba. Golpeaba los infranqueables muros desde su pequeña debilidad y acabó por hacerse daño y romperse.
No se rindió. Al igual que yo, vivía de segundas oportunidades, fallidas aún más que las primeras. Desesperantes. Frustrantes. Hasta que a la tercera abrió los ojos y despertó. Salió huyendo y supe que nunca más volvería.
Casi sin darme cuenta encontré a Fuego. Al contrario de lo que siempre se dijo, éste no tenía miedo a Agua. Fuego era arriesgado, diferente. Siempre al límite agotando cada una de sus posibilidades, siempre brillando al máximo. Iluminándome el camino. Fuego no tenía miedos, Fuego se lo jugaba todo a cada momento. Vivía al límite.
Un límite inalcanzable al que yo no sabría enfrentarme. Era muy joven y el riesgo me llamaba. Quería que fuera con él hasta el fin de sus locuras, viviendo juntos un sinfín de sensaciones nuevas, todas al límite, caminando por el estrecho cordel de la vida… y, bajo nuestros pies; Muerte, esperando el más mínimo error o un pequeño balbuceo. Por aquellos años yo no me arriesgaba por nada y Fuego se dio cuenta. Arrasó con todo lo que encontró a su paso y dos ciudades enteras cayeron a sus pies. Se oyó tiempo después que incluso su madre fue incapaz de arrancarle un sentimiento el día de su muerte. La indiferencia se apoderó de Fuego al poco tiempo de su partida, pero él aun no se ha percatado.
Muchas lluvias tuvieron que caer antes de que Fuego fuera olvidado y desterrado del recuerdo. Entonces yo sólo buscaba silencios y me entretenía con juegos de niños en las calles de los barrios marginales de la ciudad. Era un tiempo para ser perdido, desperdiciado con anécdotas que no llegarían a ningún fin, pero que ayudarían a borrar todo el pasado y reconstruir una nueva realidad. Era un monstruo gigante que se iba apoderando poco a poco de mi capacidad de decisión, y sin apenas percibirlo, se hizo con el control. Cuando me di cuenta era ya tarde y nada tenía importancia.
Culpa de aquel monstruo fue la entrada de Tierra en mi vida. No estaba previsto, pero era algo acordado en la nueva realidad, tenía la obligación de ocurrir. Sin embargo, Tierra no fue para mí más que apenas un momento… o puede que llegase a dos instantes. Todos los demás me destrozaban por dentro y minaban lo poco que quedaba de mí. No querría confundir a nadie, Tierra no tenía maldad, pero me hacía daño sin siquiera saberlo. Era su manera de ser, su esencia. Tierra anteponía todo lo superficial a lo realmente importante… Tierra no era más que polvo. No tardé en darme cuenta del engaño y corrí en dirección contraria; escapando del monstruo y de Tierra. Siempre pensé que Tierra estaba enferma y que debería ser labor de todos salvarla de su inexorable fin.
Seguía mi camino y pasé tiempo con mi eterna compañera Soledad, un tiempo para reflexionar y huir de lo que no quería que siguiese conmigo. Un tiempo que pasé observando y experimentando con diferentes factores de la sociedad. Un tiempo de nubes bajas y cuchillos en la espalda. Corté mi cabello y me obligué a esperar al crecimiento de éste para entrar de nuevo a la acción. Mientras tanto, veía cómo se movían los alambres de las marionetas que poblaban mi ciudad.
Pasaron muchas lunas hasta que volví a pisar el escenario, tímidamente, intentando no errar mi paso, gracias a Luz Blanca que me animaba a volver al juego de los humanos. Pero aun era demasiado pronto y, aunque Luz se esforzaba y yo quería creer, no éramos lo que debimos ser. De pronto y poco a poco, se hizo la oscuridad sobre Luz, sin que ésta se resistiera, Oscuridad fue creciendo y haciéndose más grande. Cuando Luz quiso darse cuenta, Oscuridad era gigante y le guardaba en su interior. Lloré, pataleé y sufrí durante meses la pérdida de Luz, con los ojos cerrados dejé de creer, negué todo lo que pude aprender.
Aprovechó mi débil situación Odio, disfrazado de Diversión, y mediante engaños sacó de mí todo lo que quería, creó un nuevo sentimiento de culpabilidad, otro de odio, otro de temor… y así, hasta acabar mellando todo lo que de mí quedaba. Me hundió en lo más profundo del pantano más contaminado que pueda existir. Me pisoteó, me dejó malherida y encaminada a una muerte segura, lenta y dolorosa; mientras él buscaba otro ser débil al cual exprimir su vitalidad, robársela para sí. Le oí reírse a carcajadas a lo lejos y esto me encendió la chispa de la venganza. No lo hice por mí, lo hice para que él fracasara. Logré salir a flote sólo para no darle la satisfacción de un trabajo bien hecho. Ahora mi alma le busca y él lo sabe. Está rezando para que cuando le encuentre, no esté solo, porque sabe que entonces, le mataré.