domingo, 21 de noviembre de 2010

Tormenta en el mar

Mi vida se ondea sobre el agua, siendo arrastrada por diversas corrientes. Primero a un lado, luego al otro... nunca del todo convencida y oponiéndose al empuje de estas, pero, finalmente, cediendo.

Como las hojas que caen de los árboles en otoño, al principio se resisten, pero poco a poco van flaqueando sus fuerzas y el viento las arroja contra el suelo, donde son apisoteadas.

Y yo me hundo en mi particular mar de miedos, me conjelo primero, me encojo. La oscuridad me cierra los ojos y entonces dejo mi cuerpo caer. Hasta que llego al fondo y allí, muero.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Ellos

Agua fue primero. Parecía lo que no quería parecer y, sin embargo, lo era. Suave, dulce, delicado… gigante. Una gran masa que llenaba cada uno de los rincones de mi ser, cubriendo cada vacío, completándome en un perfecto equilibrio. Creí que nada aparte necesitaba. Agua. Cada día en una dosis, necesaria para la vida. Saciante.

Pero pronto llegaron mareas e inestabilidad. Todo se tambaleaba y yo no alcanzaba a ver la causa, el porqué, el cambio. Cuando todo es perfecto, el cambio sólo puede empeorarlo.

Y pasó. Silencio, soledad, oscuro. Todo estaba oscuro y mojado. Muy largos y eternos días que torturaban a cada segundo con el movimiento de las manecillas del reloj. Agonizando a cada instante. Y yo callaba, al no saber cómo verbalizar lo que estaba ocurriendo. Chillando para cubrir el silencio que había dejado la tempestad.

Y aunque quieras el reloj no para, sigue pasando el tiempo. Borrando cada recuerdo. Hacía desaparecer los detalles, después los instantes, los momentos, los días… hasta que no quedó nada.

Agua regresó de forma efímera, destrozado. Entro con fuerza en escena pero todo fue en vano. Nada había que hacer; estaba todo acabado.


Pero entonces apareció Viento. Sin casi darnos cuenta, revoloteaba a nuestro alrededor intentando ser advertido. Tratando de quitar protagonismo a Agua. Pidiendo una oportunidad de entrar en nuestras vidas. Como un espermatozoide que compite con otros tantos millones por fecundar un óvulo, sin importar si era él el adecuado, el más conveniente; entró. Era como la brisa, iba y venía. De vez en cuando notaba su presencia a través de cosquillas que intentaban llegar al alma… pero sólo la piel rozaba. Golpeaba los infranqueables muros desde su pequeña debilidad y acabó por hacerse daño y romperse.

No se rindió. Al igual que yo, vivía de segundas oportunidades, fallidas aún más que las primeras. Desesperantes. Frustrantes. Hasta que a la tercera abrió los ojos y despertó. Salió huyendo y supe que nunca más volvería.


Casi sin darme cuenta encontré a Fuego. Al contrario de lo que siempre se dijo, éste no tenía miedo a Agua. Fuego era arriesgado, diferente. Siempre al límite agotando cada una de sus posibilidades, siempre brillando al máximo. Iluminándome el camino. Fuego no tenía miedos, Fuego se lo jugaba todo a cada momento. Vivía al límite.

Un límite inalcanzable al que yo no sabría enfrentarme. Era muy joven y el riesgo me llamaba. Quería que fuera con él hasta el fin de sus locuras, viviendo juntos un sinfín de sensaciones nuevas, todas al límite, caminando por el estrecho cordel de la vida… y, bajo nuestros pies; Muerte, esperando el más mínimo error o un pequeño balbuceo. Por aquellos años yo no me arriesgaba por nada y Fuego se dio cuenta. Arrasó con todo lo que encontró a su paso y dos ciudades enteras cayeron a sus pies. Se oyó tiempo después que incluso su madre fue incapaz de arrancarle un sentimiento el día de su muerte. La indiferencia se apoderó de Fuego al poco tiempo de su partida, pero él aun no se ha percatado.

Muchas lluvias tuvieron que caer antes de que Fuego fuera olvidado y desterrado del recuerdo. Entonces yo sólo buscaba silencios y me entretenía con juegos de niños en las calles de los barrios marginales de la ciudad. Era un tiempo para ser perdido, desperdiciado con anécdotas que no llegarían a ningún fin, pero que ayudarían a borrar todo el pasado y reconstruir una nueva realidad. Era un monstruo gigante que se iba apoderando poco a poco de mi capacidad de decisión, y sin apenas percibirlo, se hizo con el control. Cuando me di cuenta era ya tarde y nada tenía importancia.

Culpa de aquel monstruo fue la entrada de Tierra en mi vida. No estaba previsto, pero era algo acordado en la nueva realidad, tenía la obligación de ocurrir. Sin embargo, Tierra no fue para mí más que apenas un momento… o puede que llegase a dos instantes. Todos los demás me destrozaban por dentro y minaban lo poco que quedaba de mí. No querría confundir a nadie, Tierra no tenía maldad, pero me hacía daño sin siquiera saberlo. Era su manera de ser, su esencia. Tierra anteponía todo lo superficial a lo realmente importante… Tierra no era más que polvo. No tardé en darme cuenta del engaño y corrí en dirección contraria; escapando del monstruo y de Tierra. Siempre pensé que Tierra estaba enferma y que debería ser labor de todos salvarla de su inexorable fin.

Seguía mi camino y pasé tiempo con mi eterna compañera Soledad, un tiempo para reflexionar y huir de lo que no quería que siguiese conmigo. Un tiempo que pasé observando y experimentando con diferentes factores de la sociedad. Un tiempo de nubes bajas y cuchillos en la espalda. Corté mi cabello y me obligué a esperar al crecimiento de éste para entrar de nuevo a la acción. Mientras tanto, veía cómo se movían los alambres de las marionetas que poblaban mi ciudad.

Pasaron muchas lunas hasta que volví a pisar el escenario, tímidamente, intentando no errar mi paso, gracias a Luz Blanca que me animaba a volver al juego de los humanos. Pero aun era demasiado pronto y, aunque Luz se esforzaba y yo quería creer, no éramos lo que debimos ser. De pronto y poco a poco, se hizo la oscuridad sobre Luz, sin que ésta se resistiera, Oscuridad fue creciendo y haciéndose más grande. Cuando Luz quiso darse cuenta, Oscuridad era gigante y le guardaba en su interior. Lloré, pataleé y sufrí durante meses la pérdida de Luz, con los ojos cerrados dejé de creer, negué todo lo que pude aprender.

Aprovechó mi débil situación Odio, disfrazado de Diversión, y mediante engaños sacó de mí todo lo que quería, creó un nuevo sentimiento de culpabilidad, otro de odio, otro de temor… y así, hasta acabar mellando todo lo que de mí quedaba. Me hundió en lo más profundo del pantano más contaminado que pueda existir. Me pisoteó, me dejó malherida y encaminada a una muerte segura, lenta y dolorosa; mientras él buscaba otro ser débil al cual exprimir su vitalidad, robársela para sí. Le oí reírse a carcajadas a lo lejos y esto me encendió la chispa de la venganza. No lo hice por mí, lo hice para que él fracasara. Logré salir a flote sólo para no darle la satisfacción de un trabajo bien hecho. Ahora mi alma le busca y él lo sabe. Está rezando para que cuando le encuentre, no esté solo, porque sabe que entonces, le mataré.

martes, 14 de septiembre de 2010

Vosotros

Hoy toca hablar de vosotros

Me gusta...
Me gusta saber de vosotros, cuando me contais cosas, cuando no me las contáis, cuando me dejáis las historias a medias... Me gusta pasar un tiempo de mi vida hablando con cada uno de vosotros, conociendoos un poco más, saber cómo pensais, compartir momentos tal vez insignificantes... pero tan calurosos! No os lo digo, pero muchas veces, escuchandoos hablar, pienso en lo orgullosa que me siento por poder teneros como amigos, de ver cómo habéis crecido, ver en las personas que os habéis convertido. A los que no me ha dado mucho tiempo a ver crecer, porque no conozco desde hace tanto; ¡Cómo me gustaría haberos conocido antes! y cuánto me alegro de ver como sois y poder contar ahora con vosotros.

Me gusta escucharos. Cuando me contáis anécdotas divertidas que se nos olvidarán a los diez minutos.. pero pasados unos meses, vuelven! (...malditas esas pasas, que nunca "pasaron" de moda). Cuando me contáis problemas, ¡qué sensación tan extraña sentirse necesitado por un amigo! Y este solo pide que le escuches, con eso le arreglas todos sus problemas. Cuando habláis de vosotros, lo que lleváis en vuestro interior: esos son los momentos que más aprecio, cuando dais vuestro permiso para ver vuestros sentimientos, la llave de vuestros pensamientos y de vosotros al fin y al cabo.

Vosotros, todos vosotros. Desde David, ese amigo que estubo ahí desde el principio de los tiempos (lo que viene siendo mi 2º añito de vida ^^) hasta (¡quién sabe quién fue el último conocido!) tal vez Rebe, a quien tengo un cariño muy grande a pesar de lo poco que la conozco. Todos, todos, todos los que seguís ahí y de vez en cuando hablamos de cualquier cosa... solo necesitaba deciros cuánto aprecio contar con vuestra amistad. Creo que es bueno que lo sepáis ^^

Simplemente y de forma abreviada: ¡que os quiero!

viernes, 2 de julio de 2010

Piel.

La piel es un gran aislante. Nos aísla del frío, del calor, de la humedad, de las bacterias, del dolor... y de los demás. La piel puede ser un elemento barrera. Una máscara. Una tapadera que separe nuestra esencia de la de otras personas, convirtiéndonos así, en un profundo misterio para las personas con las que vivimos e incluso a veces (más a menudo de lo que pensamos), también para nosotros mismos.

Tengo siete capas y media de infranqueable piel de reptil. A ver por dónde pasas para conseguir saber qué hay detrás de mi muro de acero.

¿Hasta qué punto es necesaria nuestra privacidad? ¿Por qué nos escondemos? ¿Por vergüenza? ¿Qué hay de malo en que todos vean cómo somos?

No sé qué es, pero sé que lo necesitamos. Nuestro rincón apartado del mundo por una fina capa: la invisibilidad.

jueves, 13 de mayo de 2010

Jugamos a ser Dios.

Hace muchísimos años, un científico soñó que creaba una enfermedad. No tenía ningún valor que la enfermedad existiera si nadie estaba afectado por ella; así que escogió a un humano al azar y le transmitió la patología. Comenzó a observar su pequeño experimento. El hombre parecía normal, como si nada en él hubiese cambiado. No había indicios de que le doliese, le picase, le escociese nada. El experimento vivía su día a día como los demás días de su existencia; se levantaba, desayunaba, iba a trabajar, visitaba a sus familiares, mantenía relaciones sexuales, se comunicaba perfectamente con el entorno…

Entonces, el científico empezó a pensar. ¿Tal vez algún fallo en la fórmula? Tras revisarla cientos de veces, se dio cuenta de que era imposible. ¿Quizás la dosis no era suficiente? No, ese no era el problema… ¿Y si el error era en la observación? ¿Y si los síntomas fueran algo invisible? O peor aún… ¿Qué pasaría si el síntoma principal era la ausencia de síntomas?

El científico salió corriendo en dirección al domicilio del experimento humano, para observar con incredulidad su obra. En efecto, no había respuesta a ningún estímulo. El hombre no reía, no lloraba, no disfrutaba, no sufría, no amaba, no sentía. Ni una sola mueca en su cara. Había nacido la Insensibilidad.


Hoy, me pregunto qué debió sentir aquel científico al despertarse y descubrir a tantos humanos infectados por la enfermedad más desoladora que jamás nadie pudo imaginar.


"He creado un monstruo."

martes, 27 de abril de 2010

Un laberinto de millones de caminos.

Descubrir que has descubierto algo es una de las mayores satisfacciones del día a día. No importa la banalidad de tal descubrimiento, lo que importa es cómo te sientes por ello.
Hoy he descubierto que la vida es un laberinto de millones de caminos. Quién sabe cual tomarás, lo que está claro es que cada paso que demos, será decisivo y que muy difícilmente podremos volver sobre nuestras pisadas para tomar la opción que dejamos atrás. No es tan fácil equivocarse y enmendar los errores. Pero tampoco sería correcto seguir caminando hacia algo "parecido" por el camino paralelo de la equivocación. Somos humanos y en consecuencia nos equivocamos. Pero eso no nos da derecho a hacerlo una y otra vez; y menos aún, sabiendo donde erramos y pudiendo poner remedio a ello. ¿Para qué están los errores si no es para aprender de ellos?
Sé que no me he roto la cabeza para hacer un descubrimiento como este. Pero mi objetivo no es descubrir la fuente del saber, si no plasmar mi forma de ver las cosas e invitar a la reflexión.
Espero haberlo conseguido. ;)

Suelto, sin más.

Me gustan las cosas tal cual, y dadas la vuelta.