jueves, 21 de abril de 2011

Otro grito lanzado al vacío.

No me ayuda. No es suficiente.

El escozor de mis ojos no hará que vuelvas, ni que estés bien. Sin embargo, vomitar gran parte de lo que tenía dentro hace que la insensibilidad se adueñe un poco más de mi.

Podré pasar cientos de noches en blanco, esperando que todo se recomponga. Podré suspirar a cada segundo que recuerde tu nombre. Podré torturarme con cada detalle. Podré intentar explicarme. Podré huir durante días, explorar las ciudades más próximas buscándote. Podré encontrarte, abrazarte y no saber decir todo lo que necesito que oigas. Podré tratar de hacerte comprender que no me importa nada, con tal de saber que tu corazón late.

Pero no podré quitarme el sentimiento de culpabilidad que me reconcome; 25 horas al día, 8 días a la semana. Tampoco podré dejarlo de lado, apartarlo y hacer como si nada hubiera pasado.

Sé que hay una solución a todo esto. ¡Tiene que haberla! Pero aún no la encuentro.



La pelota está en tu tejado... y tú ya no quieres jugar.

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